TUPAC AMARU II
Historia e Ideales de TUPAC AMARU II
José Gabriel Condorcanqui Noguera llamado igualmente José
Gabriel Túpac Amaru conocido posteriormente como Túpac Amaru II o simplemente
Túpac Amaru, fue un caudillo indígena líder de la mayor rebelión anticolonial
que se dio en Hispanoamérica durante el siglo XVIII. Descendía de Túpac Amaru I
(último Sapa Inca, ejecutado por los españoles en el siglo XVI). Lideró la
denominada «Gran rebelión» que se desarrolló en el Virreinato del Río de la
Plata y el Virreinato del Perú, pertenecientes al Reino de España, rebelión
iniciada el 4 de noviembre de 1780 con la captura y posterior ejecución del
corregidor Antonio de Arriaga. Curaca
(jefe nativo) de Surimana, Tungasuca y Pampamarca, era adinerado y se dedicaba
al comercio. Se trataba de un personaje de origen mestizo en el que confluía la
sangre del Sapa Inca Túpac Amaru con la de los criollos. De hecho, durante una
gran parte de su vida, habiendo sido criado hasta los 12 años por el sacerdote
criollo Antonio López de Sosa y luego en el Colegio San Francisco de Borja,
mostró preferencia por lo criollo llegando a dominar el latín y a utilizar
refinadas vestimentas hispanas, pero posteriormente se vistió como un noble
inca, hizo uso activo de la lengua nativa quechua en su vida y proclamas, y fue
excomulgado de la Iglesia católica. Encabezó el mayor movimiento de corte
indigenista e independentista en el Virreinato del Perú. Fue el primero en
pedir la libertad de toda Hispanoamérica de cualquier dependencia, tanto de
España como de su monarca, implicando esto no sólo la mera separación política
sino la eliminación de diversas formas de explotación indígena, de los
corregimientos, alcabalas y aduanas. Además decretó la abolición de la
esclavitud negra por primera vez en la misma Hispanoamérica (16 de noviembre de
1780). Su movimiento constituyó un «parteaguas», debido al cual las autoridades
coloniales eliminaron a la ya escasa clase indígena noble y acrecentaron la
represión contra lo andino por el temor de que algo así se repitiese. En Perú
ha sido reconocido como el fundador de la identidad nacional peruana. Fue una
figura capital para el régimen velasquista (1968-1975) y desde entonces ha
permanecido reivindicado en el imaginario popular.
Sublevación
El 4 de noviembre de 1780 se inicia la rebelión de José
Gabriel Condorcanqui contra la dominación española, adoptando el nombre de
Túpac Amaru II, en honor de su antepasado el último Inca de Vilcabamba. Túpac
Amaru se autodeclara Inca, Señor de los Césares y Amazonas,5 y jura con el
siguiente bando su coronación: «... Don José Primero, por la gracia de Dios,
Inca Rey del Perú, Santa Fe, Quito, Chile, Buenos Aires y Continentes de los
Mares del Sur, Duque de la Superlativa, Señor de los Césares y Amazonas con
dominio en el Gran Paititi, Comisario Distribuidor de la Piedad Divina,
etc...».6 Al comienzo el movimiento reconoció la autoridad de la corona, ya que
Túpac Amaru afirmó que su intención no era ir en contra del rey sino en contra
del «mal gobierno» de los corregidores. Más tarde la rebelión se radicalizó
llegando a convertirse en un movimiento independentista.
Su esposa Micaela Bastidas así como familiares de ambos
tuvieron una participación de primer orden en el movimiento, tanto en el
reclutamiento, abastecimiento y hasta cierto punto en la toma de decisiones.
Con el apoyo de otros curacas, mestizos y algunos criollos,
la rebelión se extendió, llegando a tener tropas de decenas de miles de
combatientes.7 Entre sus ofrecimientos se hallaban la abolición tanto del
reparto como de la alcabala, la aduana y la mita de Potosí.
La convocatoria de Túpac Amaru II buscó integrar a indígenas,
criollos, mestizos y libertos negros en un frente anticolonial, pero no pudo
evitar que la masificación del movimiento convirtiera el accionar en una lucha
racial contra españoles y criollos (en general en el Virreinato los criollos no
tenían en su actuar antagonismos con los españoles, siendo como mucho
contrarios a las reformas borbónicas pero fieles a la corona en los demás
aspectos).
Su movimiento tuvo dos
fases:
• Primera fase
o fase tupacamarista, donde destaca la hegemonía de José Gabriel Túpac Amaru y
continuada tras su muerte por su primo Diego Cristóbal Túpac Amaru.
• Segunda fase
o fase tupacatarista, donde destaca el protagonismo de Julián Apaza Túpac
Katari.
Juicio y ejecución
Tras ser capturado el
6 de abril de 1781, fue llevado a Cuzco encadenado y montado en una mula.
Ingresó a la ciudad una semana después, «con semblante sereno» mientras las
campanas de la Catedral repicaban celebrando su captura. Apresado en el
convento de la Compañía de Jesús, fue sucesivamente interrogado y torturado al
límite del fallecimiento, con el objetivo de arrancarle información acerca de
sus compañeros de rebelión en Cuzco y otras ciudades, y de sus ejércitos que
aún conservaban grandes territorios. Torturas que fueron inútiles ya que no dio
confesión alguna. Más bien trató de enviar mensajes escritos con su propia
sangre, pero estos fueron interceptados. La madrugada del 29 de abril a causa
de los rigores del tormento le fracturaron el brazo derecho.
Un día durante el encierro cuando el visitador José Antonio
de Areche, autoridad del interrogatorio y ejecución enviado por el rey Carlos
III de España, entró intempestivamente al calabozo para exigirle, a cambio de
promesas, los nombres de los cómplices de la rebelión, Túpac Amaru II le
contestó: «Solamente tú y yo somos culpables, tú por oprimir a mi pueblo, y yo
por tratar de libertarlo de semejante tiranía. Ambos merecemos la muerte».
El 18 de mayo de 1781, en acto público en la Plaza de Armas
de Cuzco, se cumplió la ejecución de Túpac Amaru II, su familia y sus
seguidores. Los prisioneros fueron sacados de sus calabozos, metidos en
zurrones (un tipo de costal) y arrastrados por caballos todos a la vez, uno
tras otro, hasta llegar a la plaza. Ya al pie del cadalso, Túpac Amaru II fue
obligado, tal y como señalaba la sentencia, a presenciar la tortura y asesinato
de sus aliados y amigos, su tío, sus dos hijos mayores y finalmente su esposa,
en ese orden.
Luego se intentó descuartizarlo vivo, atando cada una de sus
extremidades a caballos para que estos tirasen de aquellas y las arrancaran.
Al ser la acción infructuosa sus verdugos optaron por
decapitarlo y posteriormente despedazarlo. Su cabeza fue colocada en una lanza
exhibida en Cuzco y Tinta, sus brazos en Tungasuca y Carabaya, y sus piernas en
Livitaca (actual provincia de Chumbivilcas) y en Santa Rosa (actual provincia
de Melgar, Puno). De igual forma despedazaron los cuerpos de su familia y
seguidores, y los enviaron a otros pueblos y ciudades. Todo ello descrito en el
documento español Distribución de los cuerpos, o sus partes, de los nueve reos
principales de la rebelión, ajusticiados en la plaza de Cuzco, el 18 de mayo de
1781.
A pesar de la ejecución de Túpac Amaru II y de su familia, el
gobierno virreinal no logró sofocar la rebelión, que continuó acaudillada por
su primo Diego Cristóbal Túpac Amaru, al tiempo que se extendía por el Alto
Perú y la región de Jujuy.
Después de reprimir la sublevación tupamarista de 1780, se
comenzó a evidenciar contra los criollos mala voluntad de parte de la Corona
Española, especialmente por la Causa de Oruro, y también por la demanda
entablada contra Juan José Segovia, nacido en Lima y el coronel Ignacio Flores,
nacido en Quito, quien había ejercido como presidente de la Real Audiencia de
Charcas y había sido Gobernador Intendente de La Plata (Chuquisaca o Charcas,
actual Sucre).
Mesianismo de Túpac Amaru II
La rebelión general del Alto y Bajo Perú en 1780, fue
encabezada por José Gabriel Condorcanqui con el objetivo de liberar a sus compatriotas
de las pesadas cargas a las que estaban obligados por las autoridades españolas
desde hacía casi tres siglos, aunque agravadas en la década anterior por las
reformas borbónicas: mitas, repartimiento de efectos, tributos, alcabalas y
otros derechos; trabajos en corregimientos y obrajes; diezmos y primicias
eclesiásticas, y la eliminación de las divisiones en castas. Buscaba la
creación de un reino independiente de España, gobernado por una monarquía
hereditaria incaica, a través de la creación de un ejército y una
administración propias, introduciendo una tributación única a todos los
súbditos, libertad de comercio y trabajo.
Con las masas, el inca iba a comunicarse usando un lenguaje
simbólico, de raigambre mesiánica. Ese lenguaje se manifestaba en el uso de
instrumentos musicales tradicionales, en el uso de banderas, insignias y
vestimentas incaicas, así como del apelativo Inca, que poseía implicaciones
mesiánicas (vinculadas al mito de Inkarrí), por cuanto el Inca no se mostraba
solamente como rey y soberano legítimo, sino también como redentor, restaurador
del mundo, salvador de los indios, esperándose de él un comportamiento
milagroso. Se le otorgaban rasgos divinos o prodigiosos.
Al respecto, las palabras de Túpac Amaru II a su compañero de
lucha, Bernardo Sucacagua, afirmando que las personas que murieran siéndole
fieles tendrían su recompensa, sugieren que aquél se veía a sí mismo, en
principio, como redentor. El obispo del Cuzco afirmó que Túpac Amaru II, había
persuadido a los indios de que los que muriesen en su servicio resucitarían al
tercer día. Sahuaraura Tito Atauchi afirmó que los indios se arrojaban a pelear
en las batallas sin temor y ciegamente, pero aún estando mal heridos no querían
invocar el nombre de Jesús, ni confesarse. Ello se debería a que Túpac Amaru II
les había dicho que el que no dijese Jesús resucitaría al tercer día, y los que
lo invocaban, no. Igualmente se presentaba el modelo peruano, que preveía la
resurrección al quinto día.
El sistema de creencias indígenas aceptaba a Túpac Amaru como
dios, redentor y liberador de los oprimidos, vale decir como una figura
equivalente a la de Jesucristo. El Inca reforzaba esta creencia, al afirmar que
los españoles habían impedido a los indígenas el acceso al dios verdadero,
siendo él mismo quien designaría personas que les enseñaran la verdad.
El mito de Inkarrí, al imaginar el regreso de un inca para
enderezar el mundo injusto, era un símbolo unificador poderoso usado para
unificar poblaciones indígenas divididas por la geografía y las fronteras
étnicas. Pero también era un símbolo divisionista, cuando no se reunían todas
las condiciones necesarias para gobernar; tal el caso de José Gabriel
Condorcanqui o Túpac Amaru II, al que muchos nobles incaicos consideraron un
"advenedizo fraudulento", más que un verdadero redentor, aunque él se
reivindicara como descendiente del último inca de Vilcabamba, Felipe Túpac
Amaru, o Túpac Amaru I.
Para la mayoría de los rebeldes peruanos, la fuente de sus
creencias acerca del fin de la dominación española estaba en la concepción que
tenían del futuro, por la cual, el Inca que regresa pone término a la
dominación española y devuelve el orden al mundo. Igualmente, la muerte del
Inca implicaba una destrucción del orden, del principio regente del mundo. La
muerte de Túpac Amaru, al ser la muerte de un Inca, era la muerte de un hombre
que reunía la tierra, el cielo y los elementos; era la muerte del hijo del sol.
Reconocimiento
La fama de Túpac Amaru II se extendió a tal punto que los
indígenas sublevados en el llano de Casanare, en la región de Nueva Granada, lo
reconocieron como "rey de América".
Movimientos posteriores invocaron el nombre de Túpac Amaru II
para obtener el apoyo de los indígenas, caso entre otros de Felipe Velasco
Túpac Amaru Inca o Felipe Velasco Túpac Inca Yupanqui, quien pretendió
levantarse en Huarochirí (Lima) en 1783. La rebelión de Túpac Amaru II marcó el
inicio de la Etapa Emancipadora de la historia de Perú.
Esta gran rebelión produce una fuerte influencia sobre la
Conspiración de los tres Antonios, indicios descubiertos en Chile el 1 de enero
de 1781, en pleno desarrollo de la insurrección. Los conspiradores se animaron
a actuar gracias a las noticias de los avances de Túpac Amaru II en el
Virreinato del Perú.
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